¿Para qué cambiar? Era mejor dejar las cosas como estaban…
Llevaba una vida sin sobresaltos, a veces monótona pero segura. La hipoteca del departamento estaba cancelada. De salud, salvo el problema del asma, andaba bastante bien y todo lo demás estaba bajo control. Entonces, para qué preocuparse si él cumplía con todas sus obligaciones, como debía ser. Con las cuotas del video y del equipo de música. Con el pago de las expensas comunes y de las tarjetas de crédito. Con las horas extras en el banco y las clases particulares de matemática. Con la mesa vacía de todos los días y los fines de semana visitando parientes. Entonces, para qué ponerse nervioso si nadie podía reprocharle nada, sobre todo ahora que sus hijos eran grandes y la economía de la casa estaba asegurada.
Debía entenderlo de una vez por todas. No tenía sentido seguir preocupado por esa estúpida sonrisa si, no era más que eso: una estúpida sonrisa.
Las sonrisas no hacen daño, reflexionó. La sonrisa es el comienzo de la risa, la risa sinónimo de alegría y la alegría levanta el ánimo. Aunque ánimo, era justamente lo que le faltaba.
No podía ser: algo no encajaba en sus razonamientos. Casi todas las cosas estaban bien, o mejor dicho, podía tolerarlas. Pero el dolor que le provocaba esa estúpida sonrisa era algo insoportable.
Esa madrugada se levantó muy temprano. Tomó el remedio para el asma y aspiró varias dosis. Era más de lo recomendado por su médico, pero estaba muy nervioso…
Sin que su mujer pudiera escucharlo, entró al baño, trabó la puerta y dejó correr el agua caliente de la ducha. Minutos después el vapor empañó todos los vidrios. Finalmente sacó el estuche del botiquín y abrió las ventanas de par en par. Esperando que se disipara el ambiente, se agazapó frente al espejo del lavatorio y con la navaja en la mano aguardó pacientemente a la sonrisa.

Patricio Redrado dijo, Octubre 12, 2008 @ 9:36 am
Muy real. Tanta semejanza, a veces duele. A decir de GALEANO, “rasca bien y rasca donde pica” Me gusta tus cuentos. Algunos son duros, pero muy reales.
Eusebio Arana dijo, Diciembre 26, 2008 @ 4:45 pm
Un cuento duro como la vida misma. Para escaparle a la locura, tarde o temprano, debmos enfrentarnos a la verdad, es la mejor terapia.
Cata. dijo, Abril 16, 2009 @ 2:39 pm
Reitero, sos un narrador muy talentoso.
Sólo que a veces tus historias suenan demasiado desesperanzadas.
María Belén dijo, Abril 30, 2009 @ 1:37 pm
Me encantó!!!. Hace unos 2 o 3 años lo representamos en una clase de teatro.
No sabia que era tuyo. Genial!!!