Compró los ”criollitos” y una botella de agua mineral en la Panadería Villar.
Como era su costumbre, salió de Unquillo por el camino que une el “Colegio Nuevo Milenio” con lo de Pizarro y “Estancias del Sur” para luego continuar hacia el aeropuerto y así llegar al centro de la ciudad.
En casi todos los semáforos que detenía su marcha un montón de cabecitas negras, caricaturas de espanto adornadas con cicatrices, aros y tatuajes, giraban a su alrededor intentando obtener algunas monedas a cambio de limpiar el impecable parabrisas de su camioneta.
No le quedaba ninguna cuando al llegar a la esquina de la plaza Colón, mientras saboreaba el último criollito de su pastoso desayuno, fue sorprendido por una adolescente de ojos chispeantes, cabeza rapada, pupo ensortijado y embarazo evidente.
Al frenar, la muchacha se abalanzó sobre el vidrio delantero justo cuando el le indicaba que no lo limpiara, que estaba impecable, que ya lo habían hecho antes.
Sin inmutarse, con la rapidez de un gato, la jovencita asomó su sonrisa por la ventana para decirle:
-¿Tené una moneda, flaquito?
-No me quedan, las di todas, ya.
-¿Y un cigarrío?
-No fumo, mi amor - le contestó con cierto fastidio.
-¿Y un crioíto?
-Me comí el último… -dijo entre molesto y culposo.
-¿Y un beso?
No atinó a nada. La muchacha le arrimó su cachete y, colorado como un tomate, le dio un beso, el más tierno que pudo.
La vio alejarse riéndose a carcajadas. Su enorme trasero sorteaba los autos con la destreza de Maradona jugando contra los ingleses. Al llegar a la vereda, acarició su panza y le guiñó un ojo.

Tincho dijo, Agosto 15, 2008 @ 7:27 pm
Quisiera saber si el cuento “SEMAFORO EN BLANCO”, es uno de los “Sucedidos”, de su último libro: “HISTORIAS ENMASCARADAS”.
Tonio Arevalo dijo, Agosto 16, 2008 @ 9:57 pm
Me gusta tu forma de contar.
saludos
ade dijo, Agosto 20, 2008 @ 1:38 pm
- Cuantos mundos en lo que se supone uno sólo.
RUBEN OSCAR OJEDA dijo, Agosto 13, 2011 @ 10:13 am
Querido amigo, en este cuento del semáforo, has sabido pintar la ternura, esa ternura que a todos nos gusta, clara , deshinibida , fresca y notablemente auténtica.- !Felicitaciones¡
En nuestra gran urbe, si se te acaban las monedas,te cagan a puteadas.-
un gran abrazo
MARIA TERESA ANDRUETTO (en la presentación del libro "INFIDENCIAS") dijo, Agosto 14, 2011 @ 1:20 pm
Hace ya unos cuantos años para él y para mí, Tomás Juárez Beltrán me acercó algunos cuentos, publicados luego en El mal ejemplo y otros cuentos urbanos. Los de ese libro y los de Historias enmascaradas y otros sucedidos que le siguió después y, aunque en menor medida, también los inéditos que ahora agrega a este volumen de cuentos reunidos, sostienen la fascinación por lo popular que encontré ya en un primer momento, el relato de costumbres, la detenida observación de los comportamientos sociales provincianos. Diestro para los relatos y la captación de rasgos, el narrador observa personajes de nuestro entorno en sus costados más humanos, sus debilidades y artilugios, cierta picardía, cierto goce (lindante a veces con la inocencia) ante la posibilidad de dañar al otro, cierto perdón de cada uno para consigo y con los otros, personajes simpáticos todos, por una u otra razón , cordobeses típicos si hubiera un único modo de captar la tipicidad de lo cordobés, varones sobre todo mirados en su humanidad, muchas veces con un toque de humor, o con una pizca de ironía y otros de ternura o de piedad, siempre representados como meollos y emergentes de una escena.
Los cuentos van desde la observación de un caddy en el golf club de Villa Allende hasta la de un bar de la calle Ayacucho en el que Don Benito sirve Hesperidina, pasando por Un viaje en taxi - uno de mis cuentos preferidos- en el que un empresario descubre por boca del taxista la traición de su mujer, en un relato que resume el espíritu y la esencia misma de los cuentos populares en los que el más pobre o más débil ha logrado engañar al más fuerte o al poderoso, ha invertido -para regocijo del lector- por un momento los papeles y lugares de la vida y de la historia.
Los remates de los cuentos tienen siempre un cierto impacto, una repentina resolución, muy a la manera del cuento de costumbre, en una búsqueda de efecto que tampoco es ajena al relato oral, narrado entre amigos a la mesa de un bar o en torno al fuego que juega con la fusión/confusión entre lo real y lo imaginado, entre lo sucedido y lo ficcional, y conlleva el rechazo de lo innecesario y de los artificioso por sí mismo. De los personajes me interesa más el motor que la carrocería me dijo aquella vez en torno a su manera de trabajar y ése es en verdad el acercamiento que Juárez Beltrán hace a sus personajes, a los que motoriza más allá de las apariencias, a la condición humana en fin, bromas, envidias, traiciones, mezquindades, pasiones, errores o ambiciones. Lo cierto es que estos cuentos, como bien se los ha definido, son de un costumbrismo crítico, nos permiten adentrarnos en las maneras y perfiles humanos de nuestra ciudad y de los pueblos de nuestra provincia. Se trata de retratos eficaces, casi siempre de finales con remate marcado, que se destacan por su falta de pretensiones y que por eso conserva como su bien más preciado la naturalidad, cierta frescura que hace que el lector transite por ellos como quien presenciara escenas en algunos de nuestros pueblos o en una esquina de la peatonal y que denotan la experiencia vital de quien cuenta, lo que podríamos entender como su conocimiento acerca de la vida.
La primera parte del libro, los cuentos inéditos que aún no habían integrado libro alguno, que yo no conocía y he leído por primera vez en esta ocasión tienen un cierto giro hacia lo fantástico o hacia el absurdo y son también un homenaje a ciertos tipos humanos –muchos de ellos nombrados con su nombre y apellidos que circulan por la zona en que el autor de estos cuento y también yo, vivimos. Desfilan así, además del Payo Giraudo, José Malanca, el Che o la Mona Jiménez, patrimonio de todos los cordobeses, ciertos personajes y lugares de Unquillo y de Cabana, tales como Darío Torres y su carnicería de lujo, la popular ferretería del Nene Biasotto, el periodista Manolo Lafuente, el Bar Central, el viejo Don Vilches, el Kiosco de diarios de Tita y Mabel, lo que hace que la lectura por nuestra parte, focalice en escenarios y actores pueblerinos, como quien circula por su propia casa.
Tal como el autor mismo lo reconoce en el prólogo, se puede apreciar en estos cuentos la fascinación por “lo cordobés” como marca en el orillo de muchos personajes y del libro, admiración por la palabra ocurrente y la travesura social, la pincelada local, breve y certera, capaz de –con uno, dos gestos- dar cuenta de una situación . La literatura oral cordobesa ha sido fecunda en la en la generación de relatos de costumbre y en la descripción de personajes populares, pero los relatos de ese tipo muchas veces se han mantenido en la oralidad. Ahora esta edición que recopila los cuentos de Tomás Juárez Beltrán da cuenta de ese universo observado con cierta ironía y con cierta piedad, de esa provincia de pueblo adentro, tanto como la importancia que tiene para un hombre que ha ejercido y sido exitoso en otras actividades, sostener el persistente deseo de contar, el persistente deseo de reflejar la relación de un hombre con sus pares y con su entorno.
maria dijo, Septiembre 3, 2011 @ 5:05 pm
me gusta como describis lo cotidiano,como lo contas,me da la certeza que los lugares comunes dejan de serlos..