¿Para qué cambiar? Era mejor dejar las cosas como estaban…
Llevaba una vida sin sobresaltos, a veces monótona pero segura. La hipoteca del departamento estaba cancelada. De salud, salvo el problema del asma, andaba bastante bien y todo lo demás estaba bajo control. Entonces, para qué preocuparse si él cumplía con todas sus obligaciones, como debía ser. Con las cuotas del video y del equipo de música. Con el pago de las expensas comunes y de las tarjetas de crédito. Con las horas extras en el banco y las clases particulares de matemática. Con la mesa vacía de todos los días y los fines de semana visitando parientes. Entonces, para qué ponerse nervioso si nadie podía reprocharle nada, sobre todo ahora que sus hijos eran grandes y la economía de la casa estaba asegurada.
Debía entenderlo de una vez por todas. No tenía sentido seguir preocupado por esa estúpida sonrisa si, no era más que eso: una estúpida sonrisa.
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