OBEDIENCIA DEBIDA

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Nov15

–¡Sargento Contreras!

–¡¡Sí, mi capitán!!

–Mañana celebraremos un oficio religioso por el día de la Virgen. Necesito que reúna a los soldados del regimiento que aspiran a ser dragoneantes y les pregunte quiénes van a comulgar. Los que estén en gracia de Dios podrán hacerlo. Los que no lo estén deberán confesarse.

–¡¡Entendido, mi capitán!!  –respondió mientras hacia un ostentoso saludo militar.

El sargento Contreras sabía que al acto concurriría la plana mayor del ejército y no pensaba hacer papelones. Tiempo atrás le había tocado en suerte el servicio militar en Córdoba y, después del año de conscripción, debido a su buen comportamiento fue tentado para seguir la carrera de suboficial. Había nacido en Chaco, tenía diecinueve años y apenas si sabía leer y escribir. En el ejército le enseñaron lo necesario para ser un buen soldado, sobre todo le enseñaron a obedecer las órdenes superiores sin discutir. Tenía buen sueldo, casa y comida; el batallón terminó convirtiéndose en su segundo hogar.

Al día siguiente el sargento Contreras se apersonó en el patio bandera, frente al atrio preparado para la ocasión. Se aseguró que el cura auxiliar estuviera confesando y reunió a los soldados. Eran los mejores del batallón, casi todos de nivel universitario. Luego de explicarles en qué consistiría el acto y de anunciarles que deberían concurrir obligatoriamente a misa, con voz sonora, les ordenó:

–¡¡Los que estén en gracia de Dios, un paso al frente!!

Solo dos conscriptos lo hicieron. No lo podía creer, esperaba que fueran más. Sería un papelón que comulgaran tan pocos.

–¡¿Qué pasa con ustedes, soldaditos?! –preguntó molesto.

El silencio de los conscriptos le pareció desafiante, entonces vociferó:

–¡¡Hacia los comedores carrera march!!  ¡¡Un pito, cuerpo a tierra; dos pitos, salto de rana!!…

Luego de sudar un buen rato, los conscriptos fueron llamados a formar.

–¡Soldado Urquiza, un paso al frente! ¿Por qué no va a comulgar?

Asombrado, el conscripto se adelantó para decir:

–No puedo, señor. No estoy en gracia de Dios.

–¡¡Ah…!! ¡¡Resulta que el soldadito no está en gracias de Dios!! Al confesionario carrera march.

Urquiza salió corriendo y todos se miraron azorados…

–¡Soldado Passerini, un paso al frente! ¿Por qué no va a comulgar?

–Soy agnóstico, señor.

–¡¿Agnóstico?! ¡A quién carajo le importa! – dijo indignado.

–¡¡A confesarse carrera march!!

El calor era insoportable. El sargento Contreras se quitó la gorra, pasó su antebrazo por la frente, miró su reloj y dijo:

–¡Soldado Mansur, un paso al frente! ¿Por qué no va a comulgar?

–Porque pertenezco a otra religión, señor –respondió temeroso.

–¡No me haga cagar de risa, soldadito! Usted no será la excepción. A confesarse carrera march.

Entre dubitativo y molesto, Mansur trotó hacia el confesionario…

Cerca del mediodía, el sargento Contreras estaba más tranquilo: con él serían nueve para comulgar.

Finalmente llegó el Monseñor castrense, los militares rodearon el altar según su jerarquía y se inició la ceremonia. Contreras lucía orgulloso sus condecoraciones obtenidas en el monte tucumano. Después de la eucaristía, él, los soldados que se habían confesado y los que ya estaban en gracia de Dios, se acercaron al altar. Cuando estaban a punto de comulgar un oficial se acercó a Contreras y le preguntó al oído:

–Dígame, Sargento: ¿Mansur no es musulmán?

–No estoy seguro, señor. Pero, aunque lo sea, tenemos que  cumplir con la virgencita. Ustedes me enseñaron que “el superior siempre tiene razón y mucho más cuando no la tiene”.

 

 

 

 

 

Comentarios (1)

Fino Barros dijo, marzo 29, 2014 @ 9:44 pm

Qué ironía. Pensar que cosas como estas pueden haber sucedido en nuestro país.

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