MORATORIA

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Jul08

 

El muchacho entró a la iglesia y se arrodilló frente al sacerdote. Eran muchos sus pecados, tantos como la pena que le fue impuesta: veinte padrenuestros, veinte avemaría y veinte pésames.

Preocupado por el tiempo que le llevaría cumplirla, no atinó a comenzar sus rezos. Era obvio; no llegaría a la cancha de fútbol y el partido empezaría sin él. Esta vez ocuparía el banco de suplentes.

Cuando se disponía a iniciar la penitencia, observó el relevo de curas en el confesionario. Sin dudarlo, se persignó y, sorteando la fila de bancos,  se arrodilló nuevamente en el reclinatorio.

-¿Has pecado? – le preguntó el nuevo cura.

-Sí, padre. No he podido cumplir la penitencia de mi confesión anterior. En realidad…

-¡Bueno, que no es tan grave, hijo mío! -interrumpió el sacerdote preocupado por la fila de los que esperaban -Reza un padre nuestro y no demores que ya empieza la eucaristía.

Comentarios (4)

Ade dijo, agosto 10, 2008 @ 8:38 pm

– Me pasó muchas veces en mi niñez, cuando descubrimos quien era el que nos iba a sentenciar menos, mi compañeras y yo haciamos cola para el cura apurado.

Ramon Alcaraz dijo, diciembre 11, 2008 @ 8:10 am

Me ha parecido un buen relato. Una idea desarrollada de manera sencilla, breve y concisa, que nos incita a reflexionar y transmite mucho más de lo que la situación refleja a primera vista.

Silvia Elena Peralta dijo, enero 2, 2010 @ 12:10 pm

Me pareció muy bueno!! Me gustan sus trabajos!!
Hoy lo he publicado en uno de mis blogs:
http://lamoradadelcuervooscuro.blogspot.com/

Juan Antonio Morales "Chache" dijo, julio 8, 2010 @ 11:21 am

Muy bueno, has dibujado en mi rostro una sonrisa. Es tan real como la vida misma, con sus prisas, cambios y lo absurdo de nuestra atropellada forma de vida… Apunta un fiel lector a tus filas.
¡ANIMO! el camino es largo pero merece la pena.

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