MIS AMORES

Comentarios (3)

Oct17

 A Claudia Castilla

Mis novias tienen defectos y virtudes como todos,  nunca me aburro con ellas.   

Closita Yánez Arguello es una chica educada y cariñosa. Le gustan los sándwiches de miga y el shopping del Dino. Como cualquier ser humano tiene algunas fobias no resueltas que seguramente sabrá revertirlas. A veces es un poco vehemente y esto gatilla su intolerancia, pero en realidad es más una defensa que otra cosa.

María de los Caprichos Castello es italiana, nacida en la isla de Capri, una persona buenísima aunque un poquito contestataria, con tendencia al uso reiterado de ciertos vocablos negativos. A punto tal que, durante mucho tiempo, la creí tartamuda porque al enojarse repetía sin descanso: “¡No!, ¡no! y ¡no!”; o “Ni pienso”, “ni pienso”, “ni pienso”.

Mary Cló Pechey Suculini  fue primera princesa en los corsos de San Vicente y es la más bonita y consentida de todas. Los fines de semana se viste para matar y, a veces, la ostentación de su belleza me trae problemas. Sobre todo cuando al caminar por la peatonal o entrar a un restaurante los muchachos le cantan a coro: “Sos un bombón asesino”.

Clodine “Picudita” Castrili  es una mujer de carácter, buen porte y voz bellísima; pero su gracia se afea cuando, enojada, adelanta el labio superior, desorbita sus ojos y gesticula con el dedo índice como si fuera un arma. Por suerte, agita exageradamente su mano y casi nunca acierta.

En realidad son como hermanas, para nada celosas entre sí. Conocerlas me llevó su tiempo. Con ellas compartí muchísimos fines de semana en el campo junto a una perrita muy malcriada llamada Penny. La cachorrita, nacida en Estados Unidos,  era de raza orgía y durante años estuvo contratada por la productora R.C.A. Víctor para hacer las carátulas de sus discos. Finalmente la echaron por mal criada y recaló en Buenos Aires, donde fue hallada por una de mis novias mientras deambulaba en una plaza de Belgrano. Lamentablemente falleció una mañana de invierno, de manera injusta e inesperada.

Tiempo después, un amigo apodado “el Zorro” tuvo la desafortunada idea de atenuar esta dolorosa pérdida regalándoles una perrita preciosa, de raza cabaret, con ojos tan azules como seductores. Esta belleza, bautizada “Abril” -que también tuvo un final trágico- fue entregada a mi persona de manera compulsiva, sin derecho a reclamo alguno y con cargo de adopción.  A partir de allí me vi obligado a educarla porque mis novias la malcriaban de manera escandalosa.

La perrita, rebelde y caprichosa, solía insultarme sin descaro cuando, por algún motivo, la reprendía. Sin embargo, luego de algunos meses de áspera convivencia me fui encariñando con ella y logramos ser amigos. Llegó a confiarme su secreto más valioso: sus ojos azules eran falsos. Para colmo de males usaba lentes  de contacto que casi siempre perdía y cuando bajaba al pueblo, cosa que hacía sin permiso, enloquecía a los cachorros del vecindario, a punto tal que desde la plaza se escuchan aullidos y cuchicheos de admiración: “Es una perrita muy sexy”, decían algunos. “Una artista de cine que trabajó en “Los mil y un Dálmatas”, decían  otros. En verdad, era bonita. Los perros se baboseaban con su andar ondulante y siempre la invitaban a los cumpleaños perrunos.  A veces llegaba tarde, casi de madrugada. Yo nunca la retaba, le tenía paciencia porque era picudita como una de mis novias y no quería  quilombos.

Durante un tiempo pretendió extorsionarme contándome infidencias de mis amores. Era alcahueta e interesada. A cambio de prebendas logré sacarle algunos datitos que me hacían falta. Hecha esta salvedad, debo confesar que siempre quiso mucho a mis novias y heredó de  ellas lo mejor, era guardiana, compañera fiel y cariñosa; aunque un poquito extravagante, le gustaban los chocolates finos y el  helado de limón con champagne. Adoraba las fiestas, le encantaba bailar. Era muy salidora y también muy volvedora. Finalmente ocurrió lo inevitable: quedó preñada.

Gracias a Dios fueron pocos meses de preocupación. El “alter ego” de mis novias, una mujer amorosa que vivía en un magnífico triplex en Nueva Córdoba, se hizo  cargo de los cachorritos poniendo orden y un toque maternal en mi alocada convivencia perruna.
 

 

 

 

 

 

Comentarios (3)

Negro OSORIO dijo, octubre 27, 2013 @ 12:13 pm

Cuatro personas distintas y una sóla diosa verdadera. BUENÍSIMO.

PACHULI dijo, octubre 27, 2013 @ 12:16 pm

Cómo lidiar con las mujeres, ésa es la cuestión.

ISCHIMUZI Pumarola dijo, diciembre 5, 2013 @ 1:00 pm

Esta bueno eso de reirse de si mismo y aceptar las cosas como son, con un toque de humor. Me gustó.

Dejar un comentario