LA MANZANA PROHIBIDA

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Mar02

Hacía tiempo que el viejito recorría junto a su mujer las góndolas del supermercado.

“Cuándo terminará con estas malditas compras” pensó aburrido mientras empujaba el carrito hacia el sector de las frutas.

Desbordando los cajones, el rojo intenso de las manzanas de Río Negro contrastaban con el  verde monótono de las verduras.

Las observó detenidamente: eran tentadoras como ninguna otra fruta. Por el tamaño supuso que eran arenosas, pero por su color las imaginó deliciosas. En realidad, nunca lo sabría sin probarlas. “Igual que las mujeres”, pensó. “Algunas son lindas por fuera y desabridas por dentro. Otras, todo lo contrario”, sonrió pícaramente.

Sin reparar en los carteles, se acercó a la estantería y tomó una de ellas. Tenía  forma absolutamente femenina. Abstraído por su belleza, la frotó contra la solapa de su cárdigan para sacarle brillo y curiosamente, como si fuera un espejo, la manzana reflejó el entorno. Era tal la nitidez con que veía, que hasta logró observar los números que marcaba la balanza: tres kilos de papas, dos de cebollas, medio de pepinos y unas hermosas piernas asomando por debajo de la caja registradora.

Haciéndose el distraído caminó de espaldas hacia el mostrador y utilizando la manzana como un retrovisor, observó nuevamente a la cajera: realmente hermosa. El delantal le apretaba el cuerpo desbordando sus formas.

Sumido en el erotismo de su fantasía no pudo evitar mirarle descaradamente los pechos. Cuando su imaginación traspasaba los límites del atrevimiento, desde el mostrador fue reprendido con severidad:

-¡No toque lo que no va a llevar, amigo!

Por un instante quedó paralizado y bajó la manzana intentando disimular su actitud.

-¡La fruta no se toca! ¿No sabe leer, usted? -volvió a decirle el encargado mientras le señalaba los carteles indicadores.

Avergonzado, caminó hacia la estantería y repuso la manzana donde la había tomado. Cuando intentaba recuperar su aplomo y el carrito con las compras, inesperadamente lo tomaron del brazo para indicarle:

-¡Vamos querido! Aquí las cosas son tan caras que no vale la pena ni mirarlas.

Comentarios (4)

aco valtier dijo, junio 19, 2008 @ 12:51 pm

muy bueno juarez ¡¡¡!!!

PACHORRA dijo, diciembre 29, 2010 @ 7:42 pm

Leyendo tus cuentos imagino tu diversión al escribirlos. Sos un buen observador del comportamiento humano. Me gusta que te interese lo social aportando una visión crítica de la realidad que vivimos.

Santos Hermenegildo Villaverde dijo, febrero 10, 2014 @ 1:01 pm

Tomas:
Me gustan tus cuentos, son fáciles de leer muy amenos, graciosos y más que nada muy sencillos.Que tu imaginación no decaiga nunca.

Nancy Mansur dijo, febrero 9, 2018 @ 11:20 pm

Disfruto de tus relatos.. Gracias por compartirlas.
Continúa deleitándonos con tu asombro e imaginación.
También intento tejer historias y creando Islas y paraísos con la magia de las palabras.
Cariños.

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