EQUINOTERAPIA

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Oct18

Ante mi atrevida pregunta, Manusolo respondió:

Sí, aunque no lo creas, converso con el “Tabaco”…

Las cosas sucedieron así:

Manusolo había comprado un caballo de andar, tan feo como gauchito, al que apodó “Tabaco”. Si bien su aspecto dejaba mucho que desear, era un animal noble y aguantador. Digo aguantador porque durante el invierno, cuando escaseaban las pasturas del bosquecito donde tenía su corral, el caballo huía de su encierro para alimentarse en predios vecinos; situación que trajo muchísimos problemas a su dueño.

A pesar de estas diferencias, Manusolo entabló con el animal una relación profunda, casi humana, logrando comunicarse con él mediante un insólito lenguaje gestual que intentaré explicar: Cuando Manusolo tocaba el ala de su sombrero le estaba diciendo a su caballo: “¿Cómo estás, Tabaco?” Si lo apuntaba con un dedo, era para advertirle: “No hagas macanas mientras yo no estoy”. Por el contrario, cuando “Tabaco” ponía sus orejas hacia atrás era para decirle a Manusolo: “Estoy muerto de hambre”. Si movía su pata delantera emitiendo un relincho carrasposo, le estaba indicando: “Convidame un fernet”. Esas gestualidades eran sólo algunas de las maneras de comunicarse entre ellos, sería imposible explicarlas a todas sin aburrirlos.

A partir de este lenguaje, producto de la observación mutua y de compartir sus soledades, entablaron una amistad sincera. Manusolo comenzó a permitir que el “Tabaco” entrara a su casa para jugar a los naipes, escuchar música o tocar el yembé. Esos encuentros generalmente ocurrían durante el invierno, cuando la tristeza los acosaba y ellos intentaban conjurarla con ritmos tamboriles y un poco de alcohol.

En una de tantas noches compartidas, Manusolo le prometió a su amigo que algún fin de semana le permitiría la visita de una potranquita amiga. La promesa tuvo una condición: que no se escapara más del corral. Lejos de cumplir lo pactado, el “Tabaco” continuó saltando cercas, huyendo hacia terrenos vecinos, rompiendo alambrados y realizando todo tipo de tropelías. Lo hacía porque estaba aburrido, pasaba la mayor parte del día solo y tenía poca comida. Sin embargo, más allá de estos desacuerdos, el afecto mutuo logró consolidar una convivencia amena y tolerante.


Pasó el tiempo, llegó la primavera, y el travieso de Cupido tiró dos flechas: la primera enamoró a Manusolo con una histérica y consentida jovencita del pueblo; la segunda hizo que el “Tabaco” iniciara un apasionado romance con una yegüita overa, de origen gitano, propiedad de un vecino.

Una noche, después de que Manusolo tomara unas copas de más y el  desamparo comenzara a acorralarlo, el “Tabaco” se animó a decirle:

–Dejate de joder, Manu. Esa pendeja no es para vos, te va a volver loco.

Manusolo lo apuntó con el dedo índice y, sin más, subió a su jeep y partió hacia el pueblo a bolichear. No era la primera vez que el “Tabaco” se entrometía en su vida privada.

Al regresar, el animal lo vio venir y sólo atinó a mover sus orejas hacia atrás reclamando su ración de alfalfa. Pero Manusolo lo ignoró. De nada valieron sus relinchos sonoros ni sus atropellados galopitos cortos. Esa noche no comió.

Al otro día, antes de salir hacia el pueblo, Manusolo pegó un silbido y en cuanto apareció el “Tabaco”, le dijo en tono burlón.

–¿Sabés una cosa? La yegüita overa te gorrea.

El ofensivo comentario logró ofuscar al “Tabaco” quien, saltando el alambrado, escapó a galope tendido.

Manusolo pensó que volvería pronto, pero no fue así. Durante toda la noche tuvo que soportar el dolido relincho de la potranquita vecina, mientras un inusual dolor de cabeza comenzó a martillar sus pensamientos.

Al día siguiente intentó averiguar si alguien había visto su caballo. Durante días recorrió la zona del arroyo y otros predios cercanos. Finalmente se animó a encarar a la yegüita overa para preguntarle si había visto al “Tabaco”, haciéndole saber que lo extrañaba mucho, que se arrepentía de lo dicho.

La potranquita se limitó a advertirle:

–¡No me dirijás la palabra, viejo alcahuete!

 

Se sucedieron noches sin sueños en las que Manusolo debió soportar extrañas neuralgias que taladraban su cabeza desordenando sus ideas.

Una mañana, al salir para el pueblo, miró con tristeza hacia el bosquecito y su sorpresa fue mayúscula: dentro del corral, el “Tabaco”  y la yegüita overa conversaban animadamente.

–¡¡Tabaco!! –gritó emocionado.

El animal echó sus orejas hacia atrás.

Sorprendido por el inesperado requerimiento de su amigo, corrió hacia el galpón y tomó un pan de alfalfa para ofrecérselo. Sin apuro, el “Tabaco” comenzó a mordisquear las hojas de mielga mientras Manusolo se abrazaba a su cogote. A su lado, la yegüita overa miraba  culposa.

–¡Queremos casarnos! –dijo el “Tabaco”.

Sin levantar la vista besó a la potranquita que, colorada de vergüenza, atinó a decir:

–Si nos deja vivir juntos, nunca más le va a doler la cabeza.

Después de una mirada cómplice, el “Tabaco” comenzó a mover su pata delantera y a carraspear.

 

 

Comentarios (6)

Amado Lencina dijo, marzo 11, 2009 @ 1:04 pm

Lo felicito. “EQUINOTERAPIA” un cuento desopilante, ocurrente y divertido; además de bien escrito. Me gusta su forma de relatar.

Rubén O. OJEDA dijo, abril 15, 2009 @ 6:20 pm

QUERIDO TOMAS: el estilo que empleas en los cuentos que he leìdo, estàn muy lejos del rebusque y muy emparentados con esa realidad cotidiana, a la que muchas veces, los relatores, por ajustarse a un academicismo, que pareciera querer hacer mostrar su erudicciòn , olvidan el hecho real a que quieren referirse
demuestras saber mirar las cosas con la objetividad necesaria, pintàndolas al estilo de Cortàzar, sin caer en lo banal y reiterativo–TE FELICITO
Si tuviste tiempo de leer alguna de mis pretendidas semblanzas poeticas, me agradarìa hicieras un comentario cobre las mismas.
El càlido abrazo de siempre.
RUBEN OSCAR OJEDA (padre)

Lucas dijo, junio 28, 2010 @ 6:52 pm

Es formidable el poder de redaccion. Maxi JB , me recomendo este cuento que verdaderamente debo felicitarte.

Lucas Estevez.

Pepe GRACIA dijo, octubre 18, 2010 @ 11:46 am

¡¡¡¡¡ Muy, pero muy bueno !!!!! y más conociendo a los personajes. Estoy totalmente de acuerdo con el comentario del Sr. anterior, ya que tu forma de relatar es muy fresca y divertida. Ya lo había leído en la casa de Manusolo…aunque tuve mis problemas… ya que Tobaco, a toda costa, me quería arrebatar la hoja. Un abrazo.-

Jorge dijo, octubre 18, 2010 @ 3:25 pm

Estimado colega, he leido tú relato; el publicado en el suplemento “Vos”. Me causó una gran admiración el cierre del mismo, inesperado; por ende no quise dejar pasar por alto el brindarte mis humildes felicitaciones, y ofrecerte, si estas de acuerdo, mantener un fluido contacto. Soy escritor y tengo a mi cargo un taller literario en la localidad de Embalse. Un gusto y nuevamente vaya mi felicitación a tú persona. Atte. Jorge

Dr. Juan Alberto Argüello dijo, marzo 19, 2012 @ 12:57 am

No hay manera que pueda escapar de tu atrapante lectura, genial en general. Lo que mas me agrada es que tanta creatividad tenga como esenario mi muy amado Unquillo, entre la realidad y la escritura que hace de los suyos. Mis felicitaciones. Cordiales saludos. JAA

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