ENSALADA DE AMIGOS

Comentarios (6)

Jul02

Llegué a la casa de Valtier cerca del mediodía. Bearzotti tomaba sol en la pileta mientras Calsina y el flaco Mariano prendían fuego para el asado.

-¡Cómo se ve que ustedes no compran la leña…! -gritó Valtier desde la ventana del baño, al ver la inmensa fogata que afanosamente alimentaban.

Saludé a todos y entré a la casa para ponerme el traje de baño. El calor era insoportable, la música estaba a todo volumen y, como de costumbre, el “Reverendo” Cabrera preparaba las ensaladas.

Sin que advirtiera mi presencia me senté a hojear el diario en la salita contigua a la cocina y desde allí lo observaba.

Era gracioso verlo enjuagar los repollos en la bacha. Sus brazos parecían maracas bajo la canilla del agua mientras su cuerpo seguía el ritmo de una canción de Caetano Veloso. Al cabo de algunos minutos, al levantar nuevamente la vista, vi que comenzaba a filetear unos rabanitos logrando que las rodajas cayeran perfectamente enfiladas tras sus certeros golpes de cuchilla; hecho esto, sumergió los hongos y los tomates en agua fría para que alcanzaran la temperatura adecuada. Frente a él, las hojas de albahaca y tomillo esperaban. 

Mientras esto sucedía, Bearzotti entró a la cocina para servirse un Fernet con la intención de regresar rápidamente a la pileta. Fue entonces cuando el “Reverendo” le pidió que le sirviera uno  a él y comenzó a demorarlo con su charla. Entusiasmado, le fue indicando los diferentes tiempos de cocción de las verduras, la forma correcta de pelar pimientos y picar cebolla, para luego explayarse sobre los aderezos de calidad y aseverar que todo buen cocinero debería tener siempre a mano una cuchilla filosa y una buena chaira; pero por sobre todas las cosas: “jamás dejarse joder por un verdulero”.

Habían pasado unos veinte minutos cuando el “Reverendo” le confió algunos secretos culinarios heredados de su madre e inmediatamente remató su monólogo, diciendo:

” Si sos bueno para la cocina, con sólo olfatear la comida te das cuenta de cuales son los condimentos que faltan en una cocción.”

Finalmente tomó aceite de oliva, jugo de limón, y con un salpimentar aéreo aliñó las ensaladas.

Hasta ese momento Bearzotti lo había escuchado estoicamente, sin hacer comentario alguno, pero la ansiedad por volver a la pileta lo tenía a mal traer.

-¡¡¿Qué tal el cocinero, eh?!! -expresó orgulloso el “Reverendo” mientras le alcanzaba un tenedor para que probara. -¿Decime, qué les falta, arquitecto?

Bearzotti probó un par de rabanitos y al ver que yo lo observaba, sin delatar mi presencia, me guiño un ojo.

-¿Sabés qué, “Reverendo”?

-Te escucho, mi amor…

-Un poquito de humildad. ¡Hu!-¡mil!-¡dad!, sólo eso mi querido.

Comentarios (6)

Mariela dijo, septiembre 11, 2008 @ 6:00 pm

Buenísimo… Me encantó el final. Esa ocurrencia aguda y expontánea de los cordobeses que descoloca a mucha gente.

Cristi dijo, enero 2, 2009 @ 8:04 pm

Me gusta tu manera de contar.
Conciso, concreto con un humor muy localista.

Patricio dijo, enero 30, 2009 @ 3:07 pm

Getón: no se porque! todos tus cuentos son geniales y cada vez mejores. Este elaborado posiblemente de hechos reales y que conozco los comensales me hace reir a gritos.
Un abrazo Patricio
pd/ pensá en la historia novelada de nuestro pariente que hablamos en diciembre y yo te ayudo en la búsqueda

GATA FLORA dijo, enero 21, 2010 @ 12:33 pm

!!buen cuento… Muy real y ocurrente.

Gabriela dijo, julio 23, 2010 @ 10:22 am

Me encantó. Nunca mejor puesto el Titulo de “ensalada de amigos”. Genial el final.
Me interesa saber fecha del blog literario (Secretos insolentes)

Joaquin Becerra dijo, julio 23, 2010 @ 12:42 pm

Muy buen relato, me encantó la simpleza y se podria decir que es como si hubiera esatado ahí.

Dejar un comentario