EN CANA POR BOLUDO

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May17

Comenzó a preocuparse. La ola de inseguridad era atroz: asaltos, secuestros y violaciones ocupaban los titulares de noticieros de radio y televisión. Imaginó que pronto llegaría, chispeante como siempre, bamboleando sus caderas, el pelo suelto, sus pechos turgentes y agitando sus manos a modo de saludo; sin embargo, nada de eso ocurrió.

Oscurecía, vio luces extrañas en la entrada: “¿vendrá en taxi?”, pensó.  Era el Jeep del casero que tenía un farol tuerto. Sonó el celular:

–¿Cristina? –preguntó ansioso sin identificar el número.

–Sí… –contestó una voz lúgubre.

–¿Quién habla? –preguntó dudando que fuera ella.

No contestaron.

–¡¡¿Sos vos, mi amor?!!

Las interferencias propias del campo lo obligaban a levantar la voz.

–¡¡Cristina!! ¡¡Cristina!!

Silencio nuevamente.

–¡¡Cristina!! ¿Me oís?

Mutismo total.

–¿Estás en tu casa?

–Sí… –dijo una vez más la voz al teléfono.

–¿Qué pasa que contestás con monosílabos?

Silencio e interferencias.

Comenzó a inquietarse. Imaginó que algo raro ocurría y, ante sus respuestas reticentes, preguntó afligido:

–¡¡¿Te están asaltando?!!

–Sí… –escuchó  otra vez  con firmeza.

Temió que fuera una broma, una de las tantas que tuvo que soportar durante todo el día. Sus amigos se habían cansado de cargarlo por sus quince años de noviazgo con Cristina. Pensó que podía tratarse de una equivocación telefónica pero frente a la ola de inseguridad que azotaba la ciudad no quiso correr riesgos; decidió llamar al 911, informar lo ocurrido y dar la dirección de la casa de Cristina.

–En minutos enviamos un móvil. –contestó la operadora.

Salió del campo a toda velocidad. La camioneta rebotaba sobre las lomas de burro mientras, infructuosamente, intentaba esquivar pozos y badenes. Le dolía el pie de tanto acelerar. Pasó en doble fila todos los autos que pudo, se cansaron de insultarlo. Algunos intentaron perseguirlo para reprender su conducta pero logró escabullirse. Al ingresar a la autopista cruzó la barrera del peaje sin pagar y, al hacerlo, estuvo a punto de estrellarse contra los paredones de cemento. Sin respetar semáforo alguno llegó a la ciudad. Cruzó hacia la zona sur hasta llegar a la casa de Cristina.  Un patrullero estaba estacionado al frente y varios policías recorrían el jardín con sus linternas.

–¡¡Esperen!! Tengo las llaves de la casa –dijo con vehemencia, casi a gritos.

Después de intentar abrir la puerta varias veces, finalmente  lo logró. Prendió la luz del hall, el corazón le galopaba. Entró al living. Los policías lo siguieron con sus armas empuñadas mientras insistían en que no se apresurara. Recorrieron el comedor, la cocina y los dormitorios. Se dio cuenta de que no había nadie en la casa, ni siquiera Cristina.

–¿Está seguro de lo que escuchó por teléfono, señor? –preguntó el inspector a cargo.

–Eso fue lo que entendí –contestó, entre preocupado y dubitativo.

–Mire, amigo, acá no pasa nada. Me parece que ha sido una alarma innecesaria de su parte. Tendrá que aclarar esto en la comisaría. Hemos tenido varios casos de liberación de zonas por falsas denuncias y necesitamos hacerle algunas preguntas y averiguar sus antecedentes.

–¡¡Momento!! Soy una persona respetable –dijo molesto – déjeme hacer una llamada.

Buscó el celular y advirtió que lo había dejado en el campo. Desesperado se abalanzó sobre el teléfono fijo que estaba sobre una repisa y llamó a Cristina. Tardó en atender. Finalmente se oyó su voz con un dejo de fastidio.

–Decime: ¿sos tarado o te hacés? Estoy en el campo cagada de frío. Hace más de una hora que me quiero comunicar con vos y no puedo. Podrías haber dejado prendida la estufa de leña por lo menos…

Ese fin de semana fue interminable. El lunes, a primera hora, Cristina lo buscó por la comisaría. La observó cuando bajaba de su automóvil, no estaba chispeante como siempre, no bamboleaba sus caderas, no tenía el pelo suelto, sus pechos no se veían turgentes ni agitaba sus manos a modo de saludo.

 

 

 

Comentarios (3)

Negro OSORIO dijo, octubre 19, 2013 @ 8:58 pm

ME HAS HECHO CAGAR DE RISA.

matu carranza dijo, enero 13, 2014 @ 6:43 pm

muy divertido Tomás! fresco. rápido, es tu estilo. Besos

Liliana dijo, enero 23, 2015 @ 12:18 am

Muuuuy bueno su cuento Tomás. Como todos los demás.
Este cuento en particular me recordó una anécdota ocurrida entre mi madre y mi tia en Capilla del Monte, una noche tormentosa en que se había cortado la luz. Mamá llamo a su hermana por teléfono y ella respondió:
– Siiiiii, Susana querida, acá se cortó la luz, pero no importa, vos decime los números que yo te contestoooo. Ayyyy Susana que alegría tan grande que me diste.
– Mercedes, escucham…..
– No puedo mas de la emoción Susana, sos tan divinaaa
– Mercedes, pará que…
– y yo sabía, sabía que me llamabas .
– Pelotuda, soy tu hermana Marga, no Susana Gimenez. Le pudo decir mi mamá, después de algunos minutos y una vez que mi tía dejó de agradecer a Dios y María santísima que la habían llamado del programa “Hola Susana”. Juro que así fue. Un abrazo

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