EL SECRETO DE SU ALMA

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Feb28

 

Cuatro botones coloridos ocupaban los extremos cardinales del manto protector que cobijaba a su alma. Entrar a su santuario no era fácil, había que pulsar los botones de manera adecuada y en el momento oportuno.

El blanco, tenía un girasol pintado al medio y abría los aposentos de su hospitalidad: era un lugar apacible y recoleto, impregnado por aromas de campo, queso fresco y vino añejo. La única condición para ingresar era ser una buena persona.

El azul, tenía bordes dorados que resplandecían durante las noches ardientes y franqueaba el paso a los recintos de su amistad. Allí existía un estanque de agua fresca donde chapoteaban palabras saltarinas y siempre había festejos. Para acceder era necesario desnudarse y no tener vergüenza, los adictos consumían afecto. La lealtad y la franqueza eran bien vistas.

El amarillo, titilaba como luciérnaga y abría las puertas de su solidaridad. Era un espacio cálido protegido por nubes coralinas en las que retozaban caballitos de mar. En ese paraje ofrecía su corazón y abrazaba a todo el mundo. La gente entraba con muletas y salía caminado.

El rojo, irradiaba fucilazos locos hacia todos lados y permitía el acceso al imperio de su fantasía. En el recinto acechaban la pasión y la locura. Era posible encontrar a la Mona Jiménez bailando con Margot Fontaine o a Malanca pintando un retrato de Banana Pueyrredón, pero lo más divertido era escuchar al Payito Giraudo silbando: “Soy cordobés, me gusta el vino y la joda”… Para ingresar era necesario ser artista.

Sin embargo, en el centro del manto protector, existía un quinto botón que pasaba desapercibido. Era de color negro mate, un oscuro ladino casi funeral. Oprimirlo era el inicio de un camino sin retorno hacia un abismo insondable de cavernas tenebrosas: exactamente allí, habitaba un hombrecito andrajoso y resentido al que aún le dolían los moretones de su infancia.

Frente a ese pulsador rezaba una advertencia:

“No lo toque, es el único que despierta mi intolerancia”.

 

Comentarios (6)

Cris dijo, marzo 27, 2009 @ 2:41 pm

Recién descubro tu blog y me encantó quedarme leyendo algunos relatos.
Te felicito
Saludos

CARUCHA dijo, abril 9, 2009 @ 10:36 am

Buenos tus cuentos, insuperable “Los botones del alma”.

LUNA dijo, noviembre 15, 2010 @ 10:00 am

Me sorprendió “Los botones del alma”, es un cuento distinto, un relato que conmueve. Tu temática literaria es muy amplia. Este cuento no tienen nada que ver con “Estancia Santa Elena” o ” La alcancía del amor”. ¿De que depende tantos cambios? Pasas de la picardía al drama o de la ironía a lo fantástico.

Alberto Martínez Pueyrredón dijo, mayo 16, 2011 @ 5:14 pm

Aparte de buen cuentista buen sicólogo. Que complejo esto del Alma del Hombre!
Un abrazo

Cata. dijo, marzo 1, 2014 @ 3:33 pm

Este texto breve, conmueve más que cualquier larga narración.
Vale preguntar quien llevaba puesta ese alma?

Puqui dijo, marzo 15, 2014 @ 10:42 pm

¿Cuánta necesidad de amor enmascara el dolor, no? Este cuento me movilizó.

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