EDIPO EL REY

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Ago12

Recostado en el sofá, con un vaso de whisky en una mano y un habano en la otra, se animó a decirme con cierta arrogancia:

–Mire mi amigo. Siempre me gustaron  las mujeres y siempre me condicionaron de la misma forma…

Después de un gran bocanada de humo, continuó.

–Son todas iguales: prostitutas, gatos, amantes… Hasta las mujeres de uno te piden algo a cambio: plata, cobijo social, placer o contención familiar. Desde la época de las cavernas que manejan a los hombres con ese triangulito que tienen entre las piernas.

Miró hacia el comedor para verificar que nadie más lo escuchara y dijo:

–En realidad, ya no me preocupa el tema. A mi edad, tengo problemas de erección y ¿sabe una cosa?, ahora “minga” que me van a condicionar. Hace tiempo que hago lo que se me antoja: duermo sólo, voy a pescar cuando quiero, juego a las cartas con mis amigos, veo por televisión los partidos de fútbol que se me antojan y a mi mujer no le doy ni cinco de pelota…

–¿Pero usted cree que todas las mujeres son iguales? –pregunté sorprendido.

–¡Todas, menos mi madre! –concluyó.

 

 

 

 

 

 

Comentarios (2)

Negro OSORIO dijo, agosto 11, 2013 @ 5:38 pm

Me sorprendiste, me llegaste al alma. Esta novela es el refugio de una alma en pena. Pena por lo que vivimos y por lo que no vivimos, ALCOHOL, SOLEDAD, LOCURA? Me gusto mucho, valió la “pena”. Gracias.

TORTONE dijo, agosto 12, 2013 @ 11:39 pm

Bien cordobes el cuento. Un poco corta para mi gusto. Un abrazo desde Rosario

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