EL ALACRÁN

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Jul23

Apresurado, tomó el maletín y subió al automóvil. Habían transcurrido unos quince minutos cuando sonó el celular. Observó el número en la pantalla y no atendió. En pocas horas estaría en Mendoza, fuera de su acoso.

En realidad, más que un marido despechado era su amigo.

 

Hacía años que Martha coqueteaba con él. Cada vez que se veían, ella lo miraba con picardía, lo rozaba con sus pechos al pasar o le guiñaba un ojo. La flaca era buscona y él tenía el sí fácil. Hubiera preferido esquivar sus jueguitos seductores, pero tampoco era cuestión de pasar por estúpido.

Antes de partir le había dicho a Martha que negara todo, que se hiciera la ofendida, que no se dejara apurar. Sin embargo, la situación era difícil de explicar: una prima de su mujer los había sorprendido entrando a un restaurante en las cercanías de la Falda, un lugar en el que nunca pensaron ser descubiertos.

Esa noche recibió un lacónico mensaje de texto: “No vuelvas a casa”.

De inmediato comenzó a elucubrar la manera de justificar lo ocurrido. Esta vez no lo perdonaría; seguramente le pediría el divorcio y debería enfrentar a su cuñado, un astuto contador. Lo conocía bien, gracias a él había salido airoso de varias demandas millonarias.

 

A la mañana siguiente, todavía nervioso, salió del hotel para dirigirse a sus viñedos. Durante el viaje pergeñó excusas y coartadas. Si no resultaban, negaría todo.

En la finca lo esperaban.

–¡Ahí viene el ingeniero! –exclamó la señora del administrador inquietando al personal.

Saludó a todos y recorrió el viñedo. Después de examinar las instalaciones y el proceso productivo, criticó duramente al enólogo y al jefe de planta. Probó el Merlot y lo aceptó con reservas. Era su estilo: debía hacer valer su autoridad. Finalmente se dispuso a almorzar en el comedor de la bodega, donde le fueron servidos los mejores manjares preparados para la ocasión y el vino estrella de la bodega: un Malbec premiado en Burdeos en 2004.

Hacia la tarde regresó al hotel y se dispuso a descansar. Estaba a punto de conciliar el sueño cuando lo sorprendió un mareo seguido de taquicardias y puntadas que oprimían su esternón. Quiso incorporarse pero no pudo, las piernas no le respondían. Desesperado, intentó girar el cuerpo y, al hacerlo, cayó de la cama. Ya en el suelo comenzó a arrastrarse sobre la alfombra hasta aferrarse a la mesa de luz y manotear el teléfono.

–Recepción… Recepción… Hola, hola… –dijo una y otra vez la voz en el teléfono.

 

Con ulular estridente, la ambulancia serpenteó por el enmarañado tráfico céntrico hasta llegar a la clínica más importante de la ciudad donde prepararon el quirófano apresuradamente.

Infinidad de imágenes se agolparon en su mente. Eran recuerdos confusos, instantes de vida, un apresurado examen de conciencia.

Además del dolor, lo acosaban los remordimientos. Se arrepentía de los heridos dejados en su camino al éxito. Allí estaban su hermano y sus socios, sus amores simulados y sus lealtades mentidas. Sollozó recordando a su mujer: habían sido treinta años de matrimonio y una familia envidiable…

 

Despertó rodeado de monitores y cables adheridos al cuerpo. Entre los caños niquelados que sostenían el suero, logró ver el rostro de su mujer y no pudo contener el llanto. Ella tomó su mano y llamó al médico de terapia. En instantes, volvieron a dormirlo.

 

A la mañana siguiente recobró el conocimiento. Una enfermera corrió la cortina del cuarto para que pudiera ver hacia el parque, abrió el ventanal y le humedeció los labios con un algodón. A la tarde fue trasladado a una habitación privada donde lo esperaba su familia.

Al ver a su mujer volvió a inquietarse y, sin mediar palabra, dijo apesadumbrado:

–Perdoname, lo de Martha fue sólo una aventura. Yo te quiero a vos. El mensaje de texto me hizo reflexionar. Sé que has sufrido mucho, te juro que nunca más te voy a fallar…

–¿De qué hablás? El mensaje que te dejé en el celular fue un error… Pulsé mal los directos, quería avisarle a mamá que no volviera a casa, que nos juntáramos directamente en el shopping.

 

Comentarios (4)

LUNA dijo, julio 27, 2009 @ 12:51 pm

La historia es interesante pero los personajes dan para más, es demasiado corto. Me gustó el final.

Karina dijo, agosto 23, 2010 @ 6:48 pm

Muy bueno! Tu forma de relatar me llevan a vivir esas situaciones como si las estuviera viendo desde el living de mi casa. Gracias por estos momentos de abstraccion!
Mortal el final de este cuento. Cuantas cosas a veces creemos que no tienen que ver con lo que realmente esta pasando, verdad?
Saludos desde “La Feliz”.

PELUSA dijo, febrero 22, 2012 @ 8:16 pm

Por Dios. ¡¡Cuanta imaginación!!

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