Dedicatoria

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RAMITA CONSOLADORA

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Sep03

A Manolo Lafuente

Sí, finalmente lo había logrado. Nunca más maltrataría sus pulmones con esos tres paquetes de cigarrillos diarios que durante años hicieron estragos en su organismo.

Manolo Lafuente seguía fumando pero de “mentiritas”. Para hacer más llevadera su abstinencia había tomado la costumbre de hacer girar entre sus dedos una ramita gruesa, del tamaño y la forma de un cigarrillo.

Jugueteaba llevándola a la boca hasta dejarla reposar en la comisura de sus labios. Una de sus mejores secas, la de mayor bocanada, fue en festejo a su voluntad…

Hacia el fondo del bar, Manolo miraba televisión y disfrutaba de una cervecita negra, bien frappé, festejando sus largos meses sin fumar. Mientras esto ocurría, los asaltantes del Banco Nación de Unquillo ya habían hecho lo suyo y huían con el botín sin dejar rastros. Las patrullas policiales circulaban por todo el pueblo anunciando el espectacular robo. No faltaron los carros de asalto, el personal especializado, la presencia de los bomberos y de la seguridad ciudadana. Ni el estridente ulular de las sirenas ni el intempestivo ingreso al bar de los comandos especializados inmutó a Manolo, quién sólo atinó a apurar el vaso de cerveza como si el clima caldeado pudiera arruinar la frescura de su oscuro brebaje.
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